10 DE ABRIL DE 2019

Política D: Derechos humanos

MERITXELL CALDERÓN VARGAS

Nunca han bastado las letras para promover las ideas, se necesita de la imagen, la música, el teatro y otros embrujos artísticos para la mente humana que despierten intuiciones de libertad y hagan que las ideas se conviertan en cultura y queden arraigadas en las sociedades como práctica diaria. 

Todos los días realizamos actividades que pueden considerarse artísticas, que dan cierta estética a nuestro entorno, ya sea acomodar la ropa de cierta manera o poner los platos de alguna forma, todas las personas que movemos cosas, las que sean, diseñamos, acomodamos, seleccionamos y pensamos cómo queremos que se vean.  

Así las ciudades, hay que imaginar cómo queremos que se vea la calle, la banqueta, los parques y los semáforos, hay que imaginar la ciudad como quisiéramos verla y no como la vemos ahora. No podemos ignorar los picaderos en los cuartos abandonados, no dejamos de encontrarle lo bonito al arte urbano, pero no puede seguir Tijuana así de rayado.  

La desobediencia es un requisito para que exista la democracia, para que podamos pensar de manera crítica necesitamos estimular nuestra imaginación con literatura, ciencia, humanismo y mucha autoestima. Estudiar a los dioses y la falta de ellos puede dejar grandes vacíos en la gente sin cimientos morales para organizarse en sociedad.  

El ritmo de la marcha que escuchamos en la pieza musical “El bolero” del compositor Maurice Ravel, es la insistencia de quien esculpe el mármol y la obsidiana, esa, es la persistencia con la que muchas personas que nos dedicamos al activismo, periodismo, defensa de derechos humanos, docencia y muchas otras formas de trabajar contra la opresión tenemos en nuestro espíritu. Marchas constates que claman justicia, que señalan la impunidad y que hacen fotos de las ruinas que está dejando esta guerra civil en México. 

Esta permanente invasión a nuestra tranquilidad se manifiesta en llamadas telefónicas para hacer cobros del banco día y noche, se muestra cuando vemos las noticias y todos los días leemos cómo la vida es relativamente valiosa. Vemos las injusticias a diario como parte del contrato, entramos a la vida laboral sabiéndonos perdedores ante las fuerzas patronales, entramos a las universidades sabiendo que tendremos que soportar acoso de maestros, intendentes y guardias de seguridad, entramos al pacto social conociendo las diversas formas en que nos tratan de “aniquilar el espíritu” haciéndonos creer vencidas. Llegamos a esta boca del lobo sin plan de contingencia ni estrategias de seguridad, sin saber ser ciudadanas, sin exigir ya casi por costumbre. 

Nos enseñaron a soportar y conformarnos desde la infancia y entender las cosas a medias, hace falta desaprender la obediencia y la resignación para mejor sacudirnos, saber negarnos a tolerar la impunidad, resistirnos a conocer únicamente lo que “se dice en redes” buscando investigar más allá, leer entre líneas, interesarnos por saber cómo  desobedecer a tiranos como Trump, como Macron y Bolsonaro y otras especies de menor influencia, pero igual pestilencia y avanzar sin que el miedo nos paralice.  

Cuando hablamos de participación ciudadana se piensa en temas electorales y de partidos, a pocas personas viene a su mente una situación de democracia directa como en países europeos donde la ciudadanía acude a las urnas a decidir cómo quiere organizarse. No estamos acostumbradas a exigir nuestros derechos como personas que habitan una ciudad, ni como consumidoras, ni como transeúntes, pocos esfuerzos ciudadanos se enfocan en causas que devienen de las identidades como: mujeres, migrantes, pueblos indígenas, jóvenes, etc.  

El foro de la ciudad debe incluir a personas migrantes, a estudiantes, profesionistas, comerciantes, comunidades de personas con todo tipo de enfermedades como adicciones, mentales y otras. Hasta hoy han sido muy limitadas las formas de acceder a los espacios ciudadanos, el hecho de que se solicite antidoping a las personas seleccionadas por voto popular viola una serie de derechos humanos que no entiendo cómo nadie ha buscado eliminar esta práctica fascista.  

La falta de exigencia de los derechos hace que el abuso de poder crea que es fácil seguir cruzando la raya de las libertades de las y los ciudadanos. La falta de denuncia de la corrupción y cerrar los ojos ante las injusticias hace que los corruptos sigan actuando de manera impune y ni siquiera “sienten poquito feo” por ser como son. 

Recuerdo una amiga de Jalisco que si en su bolsa de papas fritas había una papa quemada hablaba al número de teléfono que viene en la parte de atrás o enviaba una carta a la empresa de jugos si uno le salía con menos pulpa de lo que ella esperaba; siempre le regresaban a su casa bolsas con papas, cajas de jugos y de los productos donde ella escribía quejándose como consumidora. Estamos hablando del año 2004 aproximadamente, mi amiga por costumbre reclamaba sus derechos y obtenía resultados tangibles, comibles y digeribles.  

El acceso a la justicia y a las libertades en lo público y en lo privado se han tenido que exigir para que ahora puedan disfrutarse, aunque sea para un sector pequeño de la población, el objetivo es ampliar el acceso y hacer posibles más libertades en todos los ámbitos.  

Las instituciones habrán de reformarse para adaptarse a los derechos que ya no se permite que sean transgredidos tan fácilmente, el acoso sexual es un gran ejemplo. Las denuncias de acoso, hostigamiento y violación sexual en los espacios públicos: parques, centros culturales, hospitales y en espacios privados: casas, iglesias y empresas ya no son tema privado, cada vez salen más denuncias a la luz y será más difícil ocultar estas reprochables conductas.   

El acceso a los medios de comunicación y a expresarnos a favor de nuestros derechos humanos son parte del trabajo a favor de la paz y la tranquilidad desde un enfoque territorial que podemos revisar tomando en cuenta los resultados de los observatorios de “mujeres en los medios”, los espacios de análisis de géneros en los medios de comunicación, de las investigaciones de feministas académicas donde se estudia la imagen de las mujeres en las redes sociales, en el cine, en el teatro, en el arte en general. Consumimos cultura en las imágenes, en la música y en las palabras, hay que enviar de regreso las bolsitas de cultura machista, corrupta y racista que no nos sirve y recibir nuestro reembolso. 

All access
@Chanclizquierda

Publicada originalmente en:
http://jornadabc.mx/opinion/10-04-2019/politica-d-derechos-humanos-aprender-desobedecer