01 DE NOVIEMBRE DE 2017

Esta columna de opinión hará una cuenta regresiva hasta su inexistencia ya que en diciembre se convertirá en un espacio para presentar, una vez por semana, una norma jurídica relativa a los derechos humanos que no esté vigente en Baja California pero a nivel federal sí, o sea que se cuente con la Ley General pero que no se haya promulgado la ley local, tenemos leyes pendientes de temas como tortura, desaparición, la de víctimas y otras.

Hace más o menos 20 años en Tijuana se organizó en la Casa de la Cultura  un encuentro binacional organizado por las y los globalifóbicos donde activistas de ambos lados de la frontera nos encontrábamos para discutir temas diversos y pensar en soluciones con base en una visión “humanista”, o, de derechos humanos; posterior a ese encuentro nos reunimos en varias ocasiones en la Ibero-Tijuana un grupo de personas dedicadas a los derechos humanos y otras que buscábamos dedicarnos a ello, ese grupo que se llamó “Humanistas por la Paz”, nos llegamos a reunir en la entonces Procuraduría de Derechos Humanos y Participación Ciudadana de Baja California, como grupo apolítico visitamos espacios de activistas con otras con visiones más cercanas al zapatismo como el espacio de Factor X con Carmen Valadez y Jaime Cota; se dieron alianzas importantes en estas reuniones, grupos binacionales de campesinos y pueblos indígenas empezaron a coordinarse durante esos eventos y desde antes y hasta hoy; en visitas a San Diego nos reunimos con grupos ambientalistas, socialistas y otros de estudiantes como MECHA (Movimiento Estudiantil Chicanx de Aztlán), del lado tijuanense se dieron reuniones con más frecuencia de los movimientos estudiantiles locales y los pacifistas juveniles con los que personalmente me identificaba y que ayudé a coordinar; el activismo en Tijuana tuvo  un momento memorable para muchas personas, de esto hay poco registro material pero las historias e imágenes guardan un lugar especial en la memoria de quienes nos organizamos en aquellos entonces.

Durante la década de 1990 se organizaron varios eventos culturales con enfoque de derechos humanos en Tijuana, visitaba Amnistía Internacional la ciudad para hacer campañas contra la tortura y por los derechos de las mujeres donde participaron artistas como Mely Barragán convocadas por Beatriz y otras activistas que colaboraban con uno de los primeros Ombudsman bajacalifornianos que recuerdo haber visto en gestión y con quien todavía tengo el gusto de colaborar en temas relativos al alto a la impunidad y sanción a la violencia institucional, como el defensor Raúl Ramírez Baena.

El activismo que hace 20 años que me tocó vivir se centraba en algunas manifestaciones y acciones colectivas por los derechos humanos, habían partidos de izquierda trabajando temas como vivienda, cooperativas, huertos urbanos, medio ambiente y construcción de la paz, muchos de estos activistas se fueron a vivir al otro lado o a Europa, la ciudad ha demostrado no estar lista para ser un lugar donde se puedan ejercer los derechos humanos y mucho menos un lugar para defenderlos sin tener que luchar y pasarla mal para lograrlo.

Los derechos de las mujeres cuando se discutían eran en grupos mucho más pequeños que ahora y con mucho menos eco, ellas, las que nos dijeron a otras cómo iba la cosa como Carmen Valadez, Maricarmen Rioseco, Josie Chávez y otras feministas que anduvieron organizando acá pasaron por esos eventos binacionales o por el feminismo binacional o se inspiraron con las revistas y demandas de algunos grupos del feminismo negro, feministas “de izquierda” o socialistas de Estados Unidos y Europa, otras nos inspiramos también en las chicanas, las institucionales, en las anticolonialistas y otras nuevas formas de luchar contra la opresión desde el ser mujeres.

El 27 enero de 2018 serán 3 años de que acudimos mi pareja, Nancy I. Bonilla Luna y yo, al Registro Civil en Tijuana solicitando nos casaran. En el momento nos parecía una acción política importante que podíamos hacer como mujeres profesionistas no heterosexuales bajacalifornianas, invitamos a varias parejas y terminamos acudiendo, en esta ocasión, solamente ella y yo y tres amigas más de apoyo. Ante la negativa de matrimonio a varias parejas no heterosexuales, casi todas ellas compuestas por mujeres trabajadoras vimos la necesidad de tomar acciones de tipo administrativo y no jurisdiccional, lo hicimos así, para que no le diera tiempo a un juzgado de decidir o no si podemos unir lo que de todos modos ya estaba unido y así no dejarles la oportunidad a esta gente de  “dilatar la acción de justicia” (simón), porque muchas parejas de mujeres migrantes que buscan casarse, lo hacen con el afán de inscribir a su pareja en el Seguro Social, de buscar guarderías para sus hijos e hijas o simplemente porque se les da la gana, pero en esta ciudad, a la fecha, hay que ir a presentar una queja a la Comisión de Derechos Humanos para que accedan a casar a una pareja del mismo sexo en el Registro Civil. La discriminación cuesta y tarda menos pero no deja de ser discriminación.

Así, fuimos hace 3 años, sabiendo que la Suprema Corte en México había dicho que sí, que discriminaban y violaban derechos humanos quienes no casaran a parejas del mismo sexo, la oficial del Registro Civil en nuestra región “binacional metropolitana y muy de aquellas” nos dijo que no, que “la reforma de Derechos Humanos todavía no llega a Baja California” y, por ende, no podía casarnos a nosotras ni a ninguna otra pareja de mujeres o de hombres, ya que simplemente no le estaba permitido; todavía se dignó a explicarnos la abogada, ella no es mala persona, lo sé, porque es una ciudad donde “la gente se conoce” y más entre el gremio, pero hizo un comentario desafortunado y quedó en la historia como la abogada funcionaria pública que no sabía que la reforma es una cosa nacional que no le puede sacar la vuelta; como si por tener gobernador panista pudiera esquivar realizar el trámite que se le requiere para todas las personas como debe hacerlo. No tenía caso presentar una queja contra ella porque se platicó con la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos y nos dijo que probablemente no procedería y una serie de “verónicas” dignas de los toreros de esos que antes venían más seguido a Tijuana a destazar animales frente a niñas y niños.

Del activismo de derechos humanos de los noventa a estas fechas, seguimos siendo casi las mismas personas quienes estamos al tanto de las luchas por los derechos humanos. Así como se organizaban eventos hace 20 años de temas de derechos y migración, es ahora cuando puede volverse a revivir el ánimo de encuentros de activismos binacionales, solo reconociéndonos en otros podemos avanzar en nuestras reflexiones, solo trabajando unidos vamos a lograr mejores resultados, ya lo intentamos cada u no desde su “soberanía” y no ha funcionado. Así los activismos LGTBQAD, así los activismos feministas, de pueblos indígenas y personas con discapacidad, hemos de aceptar que sería más fácil unirnos para buscar contar con una Comisión Estatal para Prevenir la Discriminación en Baja California, que tanta falta hace, así entre matrimonio, agua, igualdad y libertad podemos seguir generando derechos humanos para más personas, esto de la emancipación funciona como dicen en el vecino país del norte “the more the merrier”-“entre más, más divertido”.

Publicado originalmente en:
http://jornadabc.mx/opinion/01-11-2017/donde-se-cruzan-las-brujas-cuenta-regresiva-iv

Flora BC
@Chanclizquierda